viernes, 1 de junio de 2012

Que no tiemble la voz, que no te hagas mayor.


He visto heridas. Heridas de guerra, ésas que enseñan que la vida muerde y acojona. Hemos visto cicatrices feas, de ésas que desgarran cada noche las sábanas. Hemos visto cicatrices bonitas, de ésas que los sentimientos insertan en el corazón, las que nos recuerdan que estamos vivos. Y hemos visto la puta corriente, que se lleva todas las cosas bonitas que algún día construimos. Bendita sea, pero estamos todos aquí, together, como nunca, quizás como siempre. Y os vi allí, frente a las puertas de quirófano, ansiosos por saber, y una parte de mi se murió dentro cuando vi vuestro frente abierto, vuestra trinchera a salvo de cualquier bomba. Y no pude controlarme, nadie pudo controlarse. Y la marea se llevó las lágrimas andado el tiempo. Y ahora tenemos cicatrices. Grandes, pequeñas. Profundas, no superficiales.
Y es que por fin entendí lo que significa una madre, y la importancia de la cicatriz que me queda aquí, a la altura de la barriga. Y por primera vez en mi vida me alegré de tener la voz aguda, y la nariz demasiado respingona. Y tu sangre corriendo por mis venas, en canal, como un río de agua fluyendo. Y supe qué era exactamente eso de querer, literalmente, que te hubiera ocurrido a ti, y no a ella.
Y la jodida importancia de la palabra mamá que he usado durante toda mi puta vida, sin saber, hasta hoy, que es más que una palabra aguda. Que es aguda la herida y la cicatriz que dejaste hace veinte años aquí, a la altura del ombligo. Y a la altura del corazón,ése que tú me diste, que me enseñaste a usar.
[Eisenheim.] http://www.youtube.com/watch?v=XSqbdy0jOuc   
Everything's gonna be alright.Te quiero más que a nada en el mundo,mamá.

miércoles, 30 de mayo de 2012

La fe es lo primero que nunca falta.

Y luego la habitación dio un giro de noventa grados. Tan seco, tan jodidamente real. Ahí estaba el momento que habías ansiado durante tanto tiempo.
Y allí estabas tú, como un conejo frente a la nada, a la insoportable nada depredadora. Y allí estábamos todos, vestigios de que todo era real, y de que nada era imaginado. Menuda pesadilla. Y las palabras clavadas en tu nuca. Y las muestras de afecto desinteresado. Y los pensamientos que se agolpan de repente. Y los sollozos incontrolados. Y la furia. Y dios que no está. Y satán que tampoco aparece. Y vuelta a empezar.
Y de repente, cuando más te aprieta, más dejas de saber cuánto puedes aguantar.
[Eisenheim.]

sábado, 26 de mayo de 2012

30 días son muchas noches.

Y mirando el jardín de pronto odié a Dios por no existir.[Retrato de un hombre inmaduro]
Y quizás toda esta espera nos esté proporcionando más esperanzas de ésas que se esfuman cuando el médico da su parte meteorológico. Qué más da qué pensemos, o qué dejemos de pensar, si esta espera no hace sino que continuar una línea recta, sin respuestas a las millones de preguntas, y sin recuerdos dulces que no hagan daño. Quizás deberíamos darnos cuenta de que estamos confundidos, que esto no va a ser un paseo, que no es verdad que quien no llora no mama. Hay quienes se ahogan mientras lloran. Y resulta que los golpes accidentales legitiman nuestros deseos de sentir más de la cuenta, y la espalda no solo duele por lo obvio, sino que también tiene mucho de dolor intrínseco y de angustia sostenida. Y no hay vuelta de página, un mes sumido en la desgracia sostenida, en la sonrisa amarga, en los pensamientos oscuros,voluptuosa inconformidad del ser, maldito dios sin respuestas ni esperanza.
Y quizás, solo quizás, obtengamos una mínima respuesta en ese médico que no juega a ser dios, ni firma pactos de silencio.
[Eisenheim.]

lunes, 21 de mayo de 2012

God help us.

No pretendas nada, no muevas ningún músculo. Permanece quieto, escuchando en la más absoluta oscuridad. Siente la rabia por las venas, siente la soledad de un dios que no escucha, que no siente más que miedo, que no padece otra cosa que no sea abatimiento, horror, descomposición. Huele el hedor a podredumbre, y mánchate de sus sangres. Y oye crujir sus huesos, levemente, uno tras otro, y deja que te estallen los oídos el corazón de los valientes, de los que sí dan la cara.
Y esfúmate, querido dios. Eres innecesario en esta vuelta sin retorno. ¿Sigues oyendo las súplicas? Nosotros seguimos rompièndonos las gargantas. Y tú sigues en coma profundo.
[Eisenheim.]

viernes, 18 de mayo de 2012

You are my place.

Probablemente ya nos hayamos cansado de describir la mierda descomunal que lo abarca todo. Seguramente. Dejamos volar nuestra imaginación y no nos damos cuenta, ilusos de nosotros, que el amor nos inunda el alma y nos llena de vida. Qué suerte que no todo sea gris oscuro o casi negro, porque tú vienes, sonríes, y se deslizan lejos las desgracias. Qué manía tener que escribirte de forma incongruentemente virtuosa y pijotera, si es que el amor nos llena a todos, analfabetos y dementes, ciegos y bicéfalos. Es cierto. A todos nos llega el amor, de una forma u otra. Pero a mi me llega infinitamente más que a todos vosotros. I'm sorry. Tengo la perfecta sensación de levantarme cada mañana con la persona correcta y la persona que seguirá llenando mis días de gloria.
[Eisenheim.]

martes, 15 de mayo de 2012

Hope.

El tiempo nos acecha con sus tentáculos, y nosotros no sabemos qué hacer en este vórtice sin espiral de esta calma no relativa. Nos cansa escribir. Siempre a la espera de algo, a la espera de algo que nos provoque un suspiro lánguido, una bomba que consiga deslizarnos hasta el desastre, o hacia la imperfección de lo perfecto. Y ahora la vida adquiere un tinte distinto, podríamos decir que se puede desteñir. Y separamos la ropa de color de la negra, o la blanca, vaya usted a saber, si nada se hace como se hacía antes. Y qué manía de ponernos siempre en lo peor, al borde del abismo, cerca de la línea de salida. Siempre esperando. Y ahora sabemos que se puede morir de amor, pero también de pena. Que somos animales parecidos a los canarios, que no saben qué cantar si no tienen un motivo para hacerlo. Y este motivo a nosotros, últimamente, nos falta. Y las manecillas del reloj constatan lo irreparable. Que lo que no nos mata no nos hace, por ahora, más fuertes.
[Eisenhem]

jueves, 10 de mayo de 2012

We can't cry.


Qué quieres que vomite ya. Si este antecedente al clímax se adhiere a mis costillas como un perro sarnoso, incapaz de despegar del todo la carne del hueso. Que me he cruzado con una niña sudamericana en la calle, y no me ha dejado paso suficiente para deslizar mis entrañas en el hueco entre ella y el coche aparcado en la acera. Y me he dado cuenta de que el coche no siente nada. Y me ha dado envidia. Y la niña se ha apartado, pero no lo suficiente. Nunca es suficiente para las desgracias andantes. Y sin querer mi costado ha entrado en contacto con su pequeño brazo, y la he empujado. Sí, la he empujado. Me he girado, y ella me ha mirado con esa mirada de odio infantil que nos hace delirar cuando estamos sanos. Pero yo he enseñado los dientes, como el perro que tengo aferrado a mis costillas, y no he pedido perdón. Y ella le ha dicho a su madre que yo le había empujado. Pero la madre estaba demasiado ocupada mirando escaparates. Little girl, debes aceptarlo.
Y yo he seguido.
 He seguido adelante. Y no me ha dado pena.
 Ninguna.
 Qué le vamos a hacer, si una parte de mi ha dicho "que se joda, nosotros también estamos jodidos". Y he buscado la llave para entrar en el portal.
Y me temblaban las manos.
Y se me han caído al suelo.
 Las he recogido. Y al agacharme, he notado una opresión en el pecho. Es el perro, avanza lenta, inexorablemente.
 No tengo costillas.
Tengo cangrena.
Tengo heridas de fuego.
Cicatrices.
Y el perro sigue sin llegar al hueso. Quizás tarde en hacerlo. Demasiado. O tal vez no.
[Eisenheim.]