Así que apenas puedo recordar
qué fue de varios años de mi vida,
o adónde iba cuando desperté
y no me encontré solo.

sábado, 5 de mayo de 2012

No quedan islas para naufragar.

Dime, ¿qué huerto quieres abonar con nuestra podredumbre?
¿Temes que se te sequen los grandes rosales del día, las tristes azucenas letales de tus noches?
Hay gente a la que le sienta incluso bien la desgracia. A nosotros no. Nosotros somos esa clase de personas que no saben vivir en silencio. Y esto es lo único que últimamente se repite demasiado aquí. Silencio, porque las almas no saben qué camino tomar. Y qué le vamos a hacer con esta desgracia en cursiva y en negrita que parece habernos paralizado el corazón durante unos días. Qué claustrofóbico que todo esto vaya a seguir en standby durante todo el tiempo que haga falta. Y cuánto daño colateral, que continuará moviéndose viscosamente hacia nosotros en sueños. Aquí nadie duerme, y nadie sueña. Quedan lejos los días de vino y rosas. Y queda lejos la utopía. Porque esto es la distopía para la que estabas preparándote durante demasiado tiempo,little heart. La famosa pesadilla que lograba arrancarte el sueño de cuajo, colgando sus tendones goteando sangre y líquido amniótico. Porque los hijos del sueño fueron destinados a morir nada más ver la luz del sol. Y este viento del norte no consigue descolgarnos la sal de las mejillas, y esta lluvia sin sentido solo consigue ensuciar más las ventanas del alma. Y este sol estúpido, sensual, de los primeros días de mayo no sabe o no contesta, no cree en las encuestas. Y supongo que ahora es cuando recordamos que teníamos un as en la manga, siempre lo tenemos, ya ves, para este tipo de cosas, pero las camisas se ríen de nosotros, envueltas en sangre y acritud, y han perdido todos sus ases en algún golpe de mar. Qué hacer cuando no queda un as en la manga, o una vuelta de hoja, o un dios al que rogarle que tenga piedad. ¿Piedad? Maldita sea, no me hables de piedad. Ni de pena. Hay gente que le sienta incluso mejor la pena. A nosotros no. Nos desagrada la pena, las miradas de soslayo, las constantes referencias a nuestro estado de ánimo. Y el teléfono no deja de sonar, pero no reconocemos las voces. Señas de identidad. Llaman, asentimos, y repetimos las últimas palabras del interfono: "unidad", "fuerza", "ánimos".Siempre by heart. Y de repente todas esas palabras se convierten en vómito, y comenzamos a sentir pena de nosotros mismos. Y dios se hace una paja encima de nuestras cabezas. Lo sentimos, todo nuevo bajo el sol. Y esto solo es el comienzo. La marea traerá restos de miembros desencajados, cadáveres sin santo y seña. Y la resaca no tendrá piedad, porque piedad, lo que se dice piedad, es lo único que nos hace realmente falta. Y lo único que no parece existir.
[Eisenheim.]

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