Así que apenas puedo recordar
qué fue de varios años de mi vida,
o adónde iba cuando desperté
y no me encontré solo.

lunes, 30 de abril de 2012

Rasgando el cielo de pena sin gloria.

Y la pena nos corroe las entrañas. La elección de una vida, la elección de una manera de vivir. Asómate, y canta a los que no pueden reír. Y volvemos a empezar, estamos delirando, tenemos sed de sudar fuera, en la calle. Y la culpabilidad se adhiere a la espalda, mientras intentamos desnudarnos de mentiras frente a estos ojos ciegos, azules como las gaviotas que se tiñen de locura volátil. Y sentimos pena por todos ellos que no son capaces de elegir sus vidas, y lloramos por los niños que se mueren de hambre lejos de aquí. Pero ellos sí saben qué es vivir. La importancia de vivir, y de elegir qué hacer, a qué dedicar nuestro tiempo libre, en qué empresa invertir las acciones que nos ha tocado jugar. Y no consigo rimar la razón, y me está sacando de quicio este extraño pensamiento de pena que se está apoderando de nosotros. Qué manía de atribuir a los rosales el gemido de morir. Y la fe de superioridad vuelve a insistir, pero a nosotros se nos invierte el corazón. Súbitamente, pena de nosotros mismos. Pena de no saber, pena de no sentir. Allá mueren por sentir demasiado, y acá sentimos tan poco. Y ahora dime tú quién muere ahogándose, y quién se ahoga mientras vive.
[Eisenheim.]

jueves, 26 de abril de 2012

Esta incongruente melancolía futurista.

Y los paraguas de esta españa maldita arrancan de cuajo el corazón de esos vagabundos que merodean por entre los dientes con estrías de esta sonrisa hipócrita, insensata, que ronda por los pisos inestables de este edificio sin cimientos. Los relojes, los olvidados, llueven mientras los inconscientes se refugian bajo los paraguas, ante la mirada atenta de las aceras resbaladizas, que intentan poner más empeño en hacer zancadillas para que el tiempo no corra tan rápido. Pero la masa de la que están hechos es mucho más fuerte que todas ellas, y continúan volando por entre el asombrado asfalto. Y las cuentas corrientes no son más que un nuevo reflejo del continuo marasmo de este país sin armonía ni conciencia, que detiene el curso de su vida durante noventa minutos de futbolera felicidad, o de programas rosas sin escrúpulos ni pasión. Los tejados se preguntan dónde están los gatos que antes perseguían a los ratones, y es que estos han decidido exiliarse para dejar de soñar con ratones que son conscientes de su papel en el mundo. Y nosotros hemos entregado nuestra capacidad de creer, de ver y de soñar a una pandilla de intelectuales modernos que cobran por sus servicios. Y abajo, junto a las aceras, los olvidados y los vagabundos merodean sin rumbo, por encima de todas las voces de todos los pisos sin cimientos en los que el mundo se ha atrincherado. Este país extraño, que delega su felicidad en otros, que detiene su vida, que rompe su garganta, que desgarra sus vestiduras, que lanza televisores por las entreabiertas ventanas. Y los televisores se marchan, cabizbajos,ruborizados, utilizando la sangre de las venas de los olvidados.
[Eisenheim]

lunes, 23 de abril de 2012

Y no está mal esta lluvia que fabrica delirios cada viernes.

Podríamos volvernos desastrosamente jóvenes a medida que las agujas del reloj se clavan en nuestros huesos, amenazando lluvia. Y nadie no es más que nada; esta profusión de personajes sin caras ni gestos reconocibles, inmersos en su propia reputación de cara a la galería. Y es que todos tenemos fe propia, la que nos desata, la que consigue hacernos despreciar al hermano, al enemigo, al padre. Rezamos a dioses que no existen, pero que siguen matando a gente. Y qué le vamos a hacer si no todos los caminos llevan a Roma, si es que el muro de las lamentaciones nos cae demasiado lejos para bajarnos la falda y dejar al descubierto nuestros pecados. Y qué vamos a hacer, si nuestros pulmones se cansan de aparentar, de expiar por completo nuestros pecados, o expiarlos a medias, de cara a los demás seres de la creación. Y tomamos las calles y las gentes se preguntan de qué carecemos. Y sonreímos al suelo, porque sabemos que carecemos de todo aquello que intentamos deslegitimar a cada golpe de puño, la saliva del rompeolas. Y la radio sigue sonando vacía, sin sentido, qué manía de reforzar las expresiones con un par de sinónimos, con una palabrota malsonante que consigue arrancarnos la fe de nuestras entrañas. Maldita seas, maldito Dios, debiste habértelo pensado más. Porque cada vez que suspiras, aquí abajo algunos lloramos de angustia. Y a algunos les han cercenado los ojos al ver resbalar por las cañerías lágrimas dulces, que se filtran por las paredes, pero que nunca llegan a ver el mar.
[Eisenheim.]

sábado, 21 de abril de 2012

Hasta enterrarlos en el mar.

Vivo en tu entraña, con un afán sin nombre que tú dominarás. Escúchame y comprende.
En sus limbos mi alma quizá recuerde algo,y entonces en ti mismo mis sueños y deseos tendrán razón al fin, y habré vivido. [L.C]
Qué os voy a escribir que no sepáis ya. La manía de caracterizaros como personajes oscuros, tristes, permanentes melancólicos. Y luego me miro en el espejo y me veo un poco tú, un poco aquél, un poco homosexual tirado en una fosa común cualquiera, un poco marinero sin tierra, un poco exiliado en alguna tierra lejana. Y, de repente, no quiero volver, y este país se vuelve un arma de destrucción masiva en el que mis documentos se archivan unos junto a otros, indelebles. Y vuelvo a revisar mis primeros pasos, y quiero que nunca sean encontrados, como tú, vaya, qué coincidencia, salvando mis humildes distancias. Os leemos, y toda esta tierra se purifica, se vuelve azul. Y es que la opresión de los cobardes no fue con todos vosotros. Y os imagino aquí, allí, con vuestro dolorido sentir, el mismo que sentimos nosotros cada mañana, y volvéis a renacer. Y al galope, al trote, como sea, seguimos en pie, gracias a vosotros. Que algunos de nosotros seguimos vivos gracias a vuestras palabras.
Y es que algunos ecos siguen reverberando en las paredes durante siglos, y el vuestro alimenta las paredes del alma.
[Eisenheim.]

martes, 17 de abril de 2012

Sin remite.

Y la mierda se acumula en las aceras, y los basureros se han jubilado demasiado pronto. Qué manía de poner etiquetas a todo, incluso a la mierda que inunda nuestros corazones. Qué increíble vicio de intentar vaciarnos con etiquetas, como si ellas consiguieran evitar los suicidios colectivos que sufrimos los que nos suicidamos a las nueve en punto de cada tarde. Qué impulsivas ganas de salir fuera de las casas, de estas cuatro paredes que se molestan en guardarnos cuando llueve en las almas, o cuando graniza en las cabezas. Fastuosas ganas esas que llevan a dejar caer comentarios impregnados de palabras como "resaca, alcohol, cigarrillo", y es que todos los excesos son buenos si después alguien puede contarlos. Y qué gilipollez absurda la de evitar madurar, dejar de un lado las mierdas de cubatas, dietas blandas y vestidos despampanantes que no hacen más que arrugar nuestros muslos, y agrietar nuestros pulmones. Los cajones de nuestras almas están cogiendo demasiado polvo, tirados en las butacas, esperando su turno para ser representados, para ser presentados a la galería. Y qué hacemos si todos los anuncios publicitarios, todos los carteles de los arcenes, todos los adoquines que pisamos nos indican que caminemos al norte. Pero qué norte quieren que sigamos, si es que el horizonte ya no existe, está dentro, muy dentro, tan cerca, pero a la vez tan lejos. Tan absurdo, tan abrumador. Tan inestable. Tan ciego.
[Eisenheim.]

miércoles, 11 de abril de 2012

Qué bonita se ve la primavera desde esta parte del mundo.

La primavera anticipada arrastra nuestras retinas a las calles, y nosotros, ciegos de pupilas dilatadas, observamos, precarios, el antecedente al clímax de este estrépito de escaleras en este edificio de tantas plantas como centímetros cuadrados. Y la primavera no es más que una razón más para seguir huyendo, un renacer viejo, marchito, que espera, pacientemente, la llegada del devastador verano, con su recogida de trigo, y sus rayos perpendiculares sin sentido. Y es que el cloro, por estas fechas, triplica sus ventas, mientras los niños en Somalia sufren los efectos rasgándose los ojos con sus manos afiladas como cuchillos. Y es que los socorristas se contratan con mayor facilidad, mientras los gritos de "help, please, clean water", procedentes de las gargantas de las madres haitianas se esfuman entre la multitud que viene y va, que anda pero no camina, que mira pero que no ve. Y es que la constante inanición a la que nos sometemos con precariedad a base de dietas materiales y abstinencias morales manchadas de patetismo, provoca estrías en nuestros corazones. Aquí, a veces llueve. A veces nieva. A veces se escucha, lejano, el suave rumor de las olas. Depende de la estación, depende de las ganas que tengamos de cambiar el destino con un leve intercambio de dinero, de un bolsillo a otro, de una garra a otra.
Pero qué hacer en su lugar, cuando lo único que se puede escuchar es el constante, permanente y ensordecedor sonido de un desértico mar, que lo inunda todo, que no deja escuchar a nada ni a nadie más.
[Eisenheim.]

miércoles, 4 de abril de 2012

Labios rojos.

Y Caperucita pasea por la ciudad. La ciudad, la ciudad plena, ciudad llena de luz, llena de lluvia. Atestada de pasión. Y Caperucita se pregunta dónde estás, qué estarás haciendo ahora. Y puede que esta vez no tenga miedo al cruzar el portal, y se enfrente a la terrible realidad de leopardos y madreselvas. Y puede que esta vez tu amor la salve. Camina por las calles, donde no se oyen más que unas notas lejanas de jazz. En algún lugar. Y Caperucita quiere saltar los charcos, quiere cantar. Caperucita ríe. Y Caperucita mira. Y los lobos se sienten solos alrededor, intentando por todos los medios convencerle de que ellos gobiernan la oscuridad. Y Caperucita corre, ríe, llora, baila. Convéncela tú ahora de que existe la soledad, la melancolía, las ganas de llorar. Ella nunca te creerá.Y Caperucita es vieja, ajada, y tiene ese final que todos esperamos. Ha convertido a un lobo feroz en un ángel del destino. Second chance, todos la merecen. Even the worst (or not).
Y el mundo se detiene. Al fin, los lobos nunca vuelven. Se han convertido al catolicismo, y los restantes murieron de inanición entre las sombras, esperando el momento oportuno, la víctima perfecta. Y Caperucita ríe, gime, canta. Maldita Caperucita, y sus labios pintados de rojo intenso. Maldita Caperucita, que ya no sale en las películas.  Su bastón en la esquina,su preciosa cara surcada de arrugas.
[Eisenheim.]

domingo, 1 de abril de 2012

Mirror.

Hay algo mal en mí además de la melancolía.
Charles Bukowski.
“Nosotros no somos de aquí”, y cogí mi corazón e intenté llevármelo de allí. “¡Detengan a ese corazón, deténganlo!”, pero ya corríamos demasiado lejos. Nunca pudieron alcanzarnos. Y es que tú, pequeño gran corazón, no eres como los demás. Tú tienes demasiados daños encima. Y vivir para ti no es más que esto; una serie continua de feroces adversidades y dolores que provocan nostalgia sostenida y melancolía constante. No. Definitivamente tú no eres como los demás, corazón. Pero, en cambio, tú siempre quisiste ser como los demás; completamente desligados de pequeños (grandes) detalles, enmarcados dentro de un aura de soberbia constante y desprecio infinito. Pero tú no eres como los demás, y nunca lo serás. Tú estás encuadrado en una sala de antigüedades donde el precio que te han asignado está sobrevalorado, y la tinta con la que te han grabado “be careful, extremely sensitive”, no se derrite, no se esfuma, no se deshace entre las manos que intentan aplastarte aún más contra la dura roca del hedonismo. Tú no eres como los demás, corazón. Tú estás marcado de por vida por la infinita dureza de los actos ajenos, destinado a morir sufriendo por lo demás. Por ese “demás” que interesa, que duele, que aqueja. Tú no eres como los demás. Los agujeros que se van produciendo en tus entrañas se convierten en cicatrices, pero eso no ocurre tan a menudo; bien sabes que las cicatrices pican en la oscuridad. Tú  no eres como los demás. Tú acumulas, y nunca expulsas el agua de los pulmones. Tú no eres como los demás, pero tienes que mantenerte a raya. Que nadie sepa, que nadie imagine cuánto llevas dentro.
Permanecieron quietos, nunca nos siguieron campo a través. "Si quiere correr, que corra, si quiere volar, que vuele.Nunca podrá escapar de sí mismo.Nunca podrá huir huyendo".
[Eisenheim.]