Y después de millones de lunas sin noches, la ciudad se volvió azul. Los taxis emergieron de entre la nada, los azules y sonrosados coloretes del mañana inundaron cada esquina de la ciudad. Alguna puta me sonríe, le caigo en gracia. Los acartonados mendigos me miran con ojos azules- terciopelo, mientras sus gorrillas se llenan de dolor y esperanza. Las calles deliran, mientras tú pasas con tus puñales de salvación. Y a mi me duele tanto el corazón últimamente. Derrumbado, el mundo llora en tu hombro, mientras tú soportas todo el peso del planeta.Maldito e idiota Ulises. Color rojo.Brigitte Bardot envejeció sola: 77 años sostiene el icono sexual por antonomasia. Maldita Bardot, y su incapacidad de amar. Maldita Bardot, que no se ha mirado en tus ojos.Y malditos nosotros,azules por siempre, ante el rojo impotente de sus caderas equivocadas.
[Eisenheim.]
Así que apenas puedo recordar
qué fue de varios años de mi vida,
o adónde iba cuando desperté
y no me encontré solo.
qué fue de varios años de mi vida,
o adónde iba cuando desperté
y no me encontré solo.
martes, 28 de febrero de 2012
miércoles, 22 de febrero de 2012
Y necesito, al menos, poner al día mis cicatrices.
Deberían hacernos daño a todos. Deberíamos tumbarnos en las calles, y dejarnos abandonar en manos de los crueles conductores de automóviles. Uno a uno, comenzaríamos a caer, fuera de serie. Los gritos se elevarían por encima de la música atronadora de los vehículos, y los gemidos darían tregua a la felicidad casi insospechada que nosotros mismos sostenemos entre las manos:autores contemporáneos de primera clase. Se apagarían millones de latidos, y los cadáveres poblarían las calles. Y así, volveríamos a amar cosas tan sumamente humanas como las escaleras. Volveríamos a querer subir escaleras, porque eso significaría que hemos podido salvarnos de la quema. Desecharíamos el pensamiento suicida, porque tendríamos las retinas anegadas de de dolor y tensión. Y los tics nervisos en los ojos izquierdos desaparecerían, porque sabríamos lo que significa morir(apenas) de tensión. Amaríamos al amor, y abandonaríamos el funesto camino de la constante redención.
Pero nadie podrá atropellarnos jamás a todos. No habría suficientes vehículos para tanto cadáver sin compasión. Game over, mad world.Y los encuestados siguen encogiéndose de hombros; siempre las mismas respuestas: "no sabe, o no contesta".
[Eisenheim.]
Pero nadie podrá atropellarnos jamás a todos. No habría suficientes vehículos para tanto cadáver sin compasión. Game over, mad world.Y los encuestados siguen encogiéndose de hombros; siempre las mismas respuestas: "no sabe, o no contesta".
[Eisenheim.]
Etiquetas:
Derecho al delirio.
domingo, 19 de febrero de 2012
Quiso carnavales y encontró fatalidad.
Risa irónica mientras desgastamos nuestros cartuchos. No sabemos qué le ocurre últimamente a nuestro corazón. El hastío se vuelve cada vez más evidente, en esta vida sin sentido ni revueltas, sin nostalgias ni puertas cerradas. Desaparecemos de las redes sociales, intentando volver a ser aquello a lo que estábamos acostumbrados a ser cuando éramos completamente efímeros. Nos aburren las cotidianas historietas que la gente se inventa para intentar parecer lo que nunca ha sido, o lo que nunca volverá a ser. Ojalá hubiera un vuelo directo a Argentina. Los asientos se llenarían en menos de dos minutos. No haría falta nada. No se aceptan pasaportes, carnés de identidad. Sin maletas, sin fotos. Solo las retinas para intentar recordar. Que se pierdan las postales, que vuelvan las miradas de melancolía en los ascensores. Treinta y tres mil pies de altura. Y el ruido desaparece;that's life.
Y el silencio permanece callado, encogido de hombros, al fin. No tiene nada más que añadir a su favor.
[Eisenheim.]
Y con tanto ruido,
no se oyó el ruido del mar.
Y el silencio permanece callado, encogido de hombros, al fin. No tiene nada más que añadir a su favor.
[Eisenheim.]
Y con tanto ruido,
no se oyó el ruido del mar.
Etiquetas:
Derecho al delirio.
viernes, 17 de febrero de 2012
Calles de Berlín.
Ni siquiera nosotros sabemos de qué va todo esto. De repente te encuentras con un millón de ofertas en el supermercado, o descuentos de última hora. Las carnicerías cuelgan sus carteles de "carne fresca", mientras nosotros, congelados en las pescaderías, esperamos el siguiente turno rumbo a la contemporánea inanición de cuerpos sin cabezas. "Vaya por Dios", suspiramos en las peluquerías, mientras dejamos que enjabonen nuestro exterior, inundándonos de frialdad y desenfreno. Insultamos a los que no esperan la cola, y, asustados, tienden a desaparecer entre bambalinas. Insultar siempre es la mejor opción a la hora de guardar silencio para siempre. Y no hay tres por dos en cosméticos sin una consumición gratis en cada garito de mala muerte, porque ya nada nos impresiona, nada nos atasca. Ponemos en tela de juicio las sotanas de los clérigos, y los mendigos no son dignos de una triste mirada perdida. Nosotros nunca vagamos, siempre buscamos. Las respuestas, las preguntas. Carne fresca, mentiras piadosas. Infidelidades, rumores. Buscamos un abogado para el diablo, y mantenemos a los principios de cada a la pared, arrinconados, hastiados de tanto peso sin retorno.
Y los escritores vagan por las calles, incrédulos, mancos, sin saber cómo coger la pluma con sus muñones ensangrentados. Y los carteles en los comercios,intentando ahogar los suspiros de los descerebrados,rezan con agresividad: "No tenemos tinta fresca. Y nunca tendremos."
[Eisenheim.]
Y los escritores vagan por las calles, incrédulos, mancos, sin saber cómo coger la pluma con sus muñones ensangrentados. Y los carteles en los comercios,intentando ahogar los suspiros de los descerebrados,rezan con agresividad: "No tenemos tinta fresca. Y nunca tendremos."
[Eisenheim.]
Etiquetas:
Derecho al delirio.
lunes, 13 de febrero de 2012
Twenty.
Veinte ilusiones pintadas de blanco, en negro, o quizás gris, nunca se sabe. Los relojes marcan las veinte y veinte, y los demás nos dejan de puertas afuera. No sabemos qué dirección tomar, pero sí sabemos cuál no tomar. Puede ser que la mayoría de nosotros caigamos en desgracia, pero la desgracia es llevadera con nuestros corazones vivos. Ahora, vuelta a empezar. Tic, tac, tic, tac. Fucking tac.
Etiquetas:
Derecho al delirio.
viernes, 10 de febrero de 2012
Abstemia.
"Es hora de cambiar", mientras fuera caen los rayos del sol perpendicularmente sobre las cabezas. La chica de los ojos negros recorre la ciudad. Ésa eres tú, pequeña gran potencia, potencialmente peligrosa. Adicta a la autodestrucción, amante del romanticismo. Nunca antes caíste tan bajo. Su cara refleja parte del miedo de sentirse ajena. Se ve a sí misma en el labavo, mientras las convulsiones se vuelven más rápidas y dolorosas. Su corazón bombea con fuerza, vaya. Maldita seas, bastarda. Una y no más. ¿No han sido suficientes las veces que has querido morir? Ésta no será una más de ellas. Por eso, y antes de que la mate, she gives up. Under control. Mira alrededor, y observa la ropa tirada en el suelo. El radiador no calienta suficiente. Las zapatillas de deporte están demasiado sucias. Su pelo demasiado rizado. El suelo demasiado sucio. Expiar las penas, ¿qué será eso? Sonrisa irónica, suelas de zapatos. Leche de burra, vómito de murciélago. Basta.
Habrá que recoger la ropa. Poner una lavadora. Calentar la habitación, barrer el suelo. Ordenarse el pelo, ir a comprar algo. Comenzar a sonreír, y morderse las uñas.
Okey, turn off the light. I want to see you though the sunshine.
[Eisenheim.]
Habrá que recoger la ropa. Poner una lavadora. Calentar la habitación, barrer el suelo. Ordenarse el pelo, ir a comprar algo. Comenzar a sonreír, y morderse las uñas.
Okey, turn off the light. I want to see you though the sunshine.
[Eisenheim.]
Etiquetas:
Derecho al delirio.
viernes, 3 de febrero de 2012
Cant erase.
Las palabras se clavaron en mi garganta. Un escalofrío me recorrió el cuerpo, y comencé a sudar. Las cuatro palabras revoloteaban a mi alrededor cuando miré a través de la ventana los campos llenos de injusticia y horror. Constante falta de seguridad. Me declaré injustamente juzgada durante varios años, y aún continúan supurando las heridas de este final sin bajada de telón. Quizás debería eliminar parte de mi memoria, o quizás debería estancarme en la sinrazón una vez más. Pero no. Los intentos frustrados de parecer una inadaptada social dejan paso a una lucidez extrema que me lleva a odiar los domingos lluviosos, las manos alzadas y los golpecitos inesperados que intentan asustarme cuando estoy sola. Maldita seas, querida lluvia tropical, estás sacando lo peor de mi, de los míos, de mis temores más odiosos. Juré que me querría más a menudo, y ahora enfermo de mediocridad solo de cuando en cuando, aunque cada vez de forma más leve. Las uñas se clavaron en mis antebrazos, y todavía siento alientos fétidos delante de mis dientes. Todavía siento la inseguridad, el miedo, el dolor. Las heridas de una guerra no acabada, y las cicatrices que tardan todavía en desaparecer. El engaño, el desprecio, el asqueroso culmen del orgullo. Las ansias de volar, las sonrisas perfectas ocultas en matanzas y genocidios. La crueldad, la fuerza de la senectud.
Luego vuelvo, y el dolor de los párpados disminuye tímidamente. Abro los ojos, y respiro. Azul. Escucho las palabras de algún psicoanalista que pretende que no sintamos pánico nunca más. Iidota. Y empujamos los pretéritos imperfectos debajo del sofá, para ver si permanecen allí, escondidos. Temblando.
[Eisenheim.]
Luego vuelvo, y el dolor de los párpados disminuye tímidamente. Abro los ojos, y respiro. Azul. Escucho las palabras de algún psicoanalista que pretende que no sintamos pánico nunca más. Iidota. Y empujamos los pretéritos imperfectos debajo del sofá, para ver si permanecen allí, escondidos. Temblando.
[Eisenheim.]
Etiquetas:
Derecho al delirio.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)






