Pero nos damos cuenta de nuestra incapacidad de seguir, y dejamos de intentar explicar(nos). Porque el amor no se explicó nunca, y nunca debería poder explicarse. El amor se siente. Aquí. Al fondo. A la izquierda. Como los lavabos.
[Eisenheim.]
Y la debilidad se vuelve un arma de destrucción masiva. Maldita Primavera, y maldito corazón que arrastramos a medias entre dos. Porque sueñas, y mientras sueñas la vida corre paralela a tus miedos. Porque la vida que llevas dentro te vuelve más delgada, mientras el espejo sigue componiendo su particular reflejo hinchado de carne y decepción. Porque tienes el tiempo de tu vida corriendo por las teclas del ordenador, y porque deberías volver a escuchar esa canción. Porque de una persona se pueden echar de menos hasta los andares, y porque la manera de saber que hemos sabido vivir constituye una forma más de mediocridad y descomposición. Porque un saludo puede ser algo más, y porque las miradas silenciosas son injustamente preciosas. Porque la primavera comienza a sentar cabeza, y porque las flores me recuerdan lo asquerosamente vieja y ajada que soy. Porque seguimos mirándonos al espejo, y no nos encontramos a nosotros mismos. Porque amamos la ignorancia por encima de todas las cosas. Porque nos toca tomar partido, ahora, vivir, al fin y al cabo. Y vivir no es más que esto.
Y a nosotros nos importa poco lo que puedan decir de nosotros. Nos importa el hecho de que digan, pero a ti, pequeña gran potencia, nunca te dio lo mismo lo bueno y lo malo. Siempre estuviste ahí, con tus finos labios pintados de color carmesí, ese carmesí dispuesto para todos los que quieran joderte bien. Siempre tuviste la decencia de reconocer tus vicios y tus fobias; de cara a la galería te muestras extremadamente aniñada, mientras que la penumbra se vuelve melancolía cuando te toca. Pequeña gran potencia, tú eres incapaz de valerte por ti misma. Incluso repeles tu imagen en el espejo, anodina, con esos ojos negros que vieron tanto daño. Porque tú eres una ególatra, pequeña gran potencia. Eres China, Estados Unidos, aunque te defines a ti misma como una pequeña isla del sur del pacífico más oriental. Todo gira en torno a tu ombligo, todos te miran en la calle, todos murmuran a tus espaldas. Pero no son buenas palabras. El resto del mundo observa tus andares de pato, tus piernas cortas y tus cabellos mal peinados. Todos te miran, y todos te odian. Y eso se llama "esquizofrenia paranoide negativa", o como quieras llamarlo.